martes, 1 de septiembre de 2009

Domingo

Cada vez que me voy a dormir contigo, experimento una sensación de amor y odio, puesto que por una parte me encanta dormir a tu lado; pero por otra, siento que si al despertar me doy cuenta que estoy solo y que todo fue solo un sueño, mi mal humor sería épico y duraría por horas. Quizás no sería ni siquiera mal humor, lo más probable es que fuera una incómoda desilusión. Hoy, sin embargo, mis miedos no son más que algo irracional, pues al despertar seguimos juntos, en la misma habitación que borrosamente recuerdo de anoche. Al parecer todo ha sido real, por muy extraño que pueda sonar.
Es una mañana fría, o al menos para un venezolano lo es, las nubes tapan el cielo parisino y la luz que entra por la ventana es bastante tenue. Tú aún duermes. Te arropo la espalda desnuda por temor a que, con lo inútil que es tu sistema inmunológico y lo eficaz que es tu capacidad de enfermarte, te vayas de aquí con una gripe maldita.
Hoy no hay prisa porque despiertes. Hoy solo quiero que descansemos un poco y disfrutemos tranquilamente nuestro último día de paseo.
Me quedo largo rato viéndote mientras duermes. ¡Me agrada tanto hacerlo! Me pregunto qué estarás soñando, si es que sueñas algo. O quizás eres de los que duermen pesado y no sueñan nada. Ahora que lo pienso jamás te he preguntado si sueñas o no y, también, ahora que lo pienso mejor, sería como idiota preguntarte eso. Ahora que lo pienso ya ni sé qué pienso, la resaca de champagne no es buena para el raciocinio.
Al fin, luego de un largo rato, despiertas sonriente. Me pregunto si yo soy el único ser humano que generalmente despierta de mal humor, porque jamás te he visto a ti despertando sin una sonrisa en la cara.
-Buen día- dices entre bostezos sonriendo.
-Bonjour!
-¿Qué haya para hoy?
-Hoy es domingo, día del señor. Creo que lo más sensato es que descansemos y quizás más tarde demos un último paseo antes de volver.
-Tan católico, vale. Hablo en serio.
-¿Y tú crees que yo bromeo? Pues no. Tengo planeado pedir comida a la habitación y ver alguna película, o qué se yo.
-¿Película? Si tú eres la peor persona para ver películas, nunca puedes mantenerte despierto por más de media hora.
-Bueno bueno, hoy no es para hablar de mis defectos.
Entonces, como dije previamente, pasamos lo que quedaba de mañana siendo los más viles vagos: comiendo, viendo películas y shows en la televisión, haciendo paréntesis solo para hacer el amor. En la cama, en la ducha, en el sofá, la alfombra…. Y ya, tampoco es que teníamos la suite presidencial.
-Con tanta actividad física debo haber adelgazado unos cuatro kilogramos.
-Ya lo creo gordito- dices riendo.
-Vuelve a decirme gordo, larva humana, y te arranco los ojos a coñazos.
-Calma, sabes que pareces sidoso.
-Como es menester, amor.

A eso de las tres de la tarde empezamos a empacar. La última parada, antes de volver a nuestros respectivos hogares, queda un poco lejos y el trayecto es largo. Lo divertido de los hoteles es que se deja todo desordenado. Me encantaría vivir en un hotel.
Luego de unas dos horas de camino llegamos al lugar que más me costó decidir. Tenía en mente ciudades como Londres o Viena, quizás Praga y hasta Moscú. Pero, un día, mencionaste algo mientras íbamos a una fiesta y eso me dijo cual sería el último destino perfecto: Brygge, en el Reino de Noruega. No es un destino común, de hecho me costó encontrar la ciudad ideal en el país ideal para poder hacerte ver eso que tanto ansiabas ver, pero eso será un poco más tarde, mientras tanto haremos un poco de turisteo.
-¿Dónde estamos?
-Pronto lo sabrás. Mientras tanto, te recomiendo que te abrigues my bien, con bufanda y demás. El clima de acá es bastante frío.
No nos encontramos ni siquiera en una ciudad, es más como un suburbio pequeño, un valle entre “Las siete montañas”. Un lugar bastante hermoso, lleno de casas de madera. Un muelle a las orillas del fiordo, que luego atravesaremos en una embarcación.
-No es que la ciudad no me guste, pero me parece extraño que estemos acá.
-Verás, un día mencionaste algo que te gustaba mucho y que en Venezuela no se da. Es un fenómeno natural. De verdad no espero que lo recuerdes, pero no te preocupes que pronto lo verás. Mientras tanto, mira que divertidas son esas casas altas y puntiagudas, muy típicas de esta parte del mundo. Y en pocos minutos abordaremos una embarcación que nos llevará a conocer el fiordo de acá.
Una vez en la embarcación, esta despega y nos da un recorrido por el fiordo. Es asombrosamente hermoso, aún cuando ya es noche cerrada. Las empinadas e imponentes montañas que salen desde el mar glacial nos ofrecen una vista parcial del oscuro cielo del norte.
Un chico, del personal de la embarcación, nos ofrece a ambos un trago de vodka, el cual tomamos sin pensarlo dos veces.
-¡Más alcohol! Siento que he perdido medio hígado este fin de semana- dices mientras das el primer sorbo.
-Como dice el dicho “Al pueblo que fueres, haz lo que vieres” y esta gente del norte nace con la botella de vodka debajo del brazo, así que ¡salud!
Cuando falta poco para que culmine el viaje, es hora de impedirte que veas, por eso vendo tus ojos con un paño y te explico que es para que no dañes la sorpresa final.
Descendemos de la embarcación y te guío con cuidado por el escabroso camino de tierra. Hace mucho frío y la brisa pretende tumbarnos. Pero me mantengo firme e intento que así te mantengas tú también. No permitiré que nada dañe la última parte de nuestro recorrido. Luego de unos quince minutos de ascender por una pequeña colina, llegamos a una explanada, con una vista perfecta de eso que quiero que veas.
-Bueno, antes de que puedas ver, hace algunas semanas, cuando todo esto no era más que un plan utópico, yo aún buscaba qué lugares visitar, de manera de hacer el viaje verdaderamente significativo con cosas que nos gustaran a ambos. Lo tenía casi todo planeado, pero faltaba algo verdaderamente impresionante para el final. Estaba en fase de bloqueo mental. De repente y prácticamente de la nada, mencionaste algo que te gustaría mucho volver a ver y ahí me diste la idea final para el lugar ideal. Sé que has visto esto antes, pero estamos realmente lejos del lugar donde lo viste por primera vez. Espero que sea igual o más hermoso que aquella vez y que de verdad lo disfrutes.
Destapo lentamente tus ojos y espero con ansias ver tu expresión. Abres los ojos lentamente y, graciosamente, abres también tu boca en un dejo de asombro.
En el amplio y oscuro cielo estrellado, hay una proyección de colores y formas informes: la aurora boreal.
-Esto es, casi, demasiado. De todas las cosas que pude imaginar que vería, jamás pensé que sería esto. No puedo creerlo, es surreal.
Nos quedamos largo rato sentados viendo cómo cambian las formas lentamente y los colores se hacen más brillantes conforme se acerca la medianoche. Nos abrazamos para que el frío no nos mate.
Conversamos de cosas poco importantes por un rato y hasta abordamos temas más profundos. Me preguntas por qué hago todo esto y no puedo más que responder porque me provoca, porque de repente sentí ganas de hacer algo así, contigo. Te comento que sé que muchas veces soy insoportable y que me pregunto cómo demonios sigues a mi lado. Es decir, soy prácticamente la antítesis del tipo de personas que te gustan, o con quienes te gustaría estar: te gusta la gente alegre y yo soy bastante amargado; te gusta la gente refinada y elegante, yo soy un camionero; te gustan las películas, yo prefiero los libros porque las películas me dan sueño; te gustan los hombres corpulentos, pero yo soy bastante enclenque; te gusta la gente cariñosa y yo soy bastante frío y terco y prepotente y arrogante y muchas otras cosas que a ti te desagradan; pero, aún así, hay momentos en los que ambos olvidamos los defectos y nos concentramos únicamente en explotar nuestras cualidades.
Me recuerdas que una vez te hice mucho daño y que fui el causante de muchas lágrimas y te respondo que en la vida llorarás por cosas malas y por cosas buenas, y que aunque no me sienta especialmente orgulloso de muchas cosas que he hecho, de todas creo haber aprendido algo y sé que tú sacaste también mucho aprendizaje de esa época dura. Me he esforzado por redimirme y creo que ha tenido un buen resultado, o sea míranos aquí, dónde lo único que hemos hecho es divertirnos y dejar que nuestros sentimientos por el otro vayan como caballos desbocados. No puedo prometerte amor eterno, ni ti ni a nadie, creo que solo podría ofrecérselo a mi hermano, pero puedo ofrecerte ser quien te acompañe por el tiempo que sea prudente y por el tiempo en que ambos los disfrutemos. Quiero estar contigo por el tiempo en el que el respeto sea nuestro primer pilar y el cariño sea la manera de llevar nuestras acciones a cabo, sin caer en dependencias, pues amo ser un espíritu libre y que tú lo seas también. Quiero estar contigo por el tiempo en el que ambos conservemos nuestra forma de ser, pero que seamos lo suficientemente maduros para poder ceder, un día tú y otro yo, como una pareja que busca la felicidad mutua.
La velada termina fundidos en un caluroso beso, con las luces del norte en el horizonte y el frío azotando nuestros cabellos.
El viaje de vuelta es agradablemente silencioso y caluroso. El camino pasa vertiginosamente rápido ante nuestros ojos y pronto llegamos a un lugar más conocido: Caracas.
-No trajimos nada de souvenirs para nadie- dices.
-Pensé que ya sabías que yo pienso en TODO. Toma, aquí hay una bolsa con llaveros de cada ciudad visitada para nuestra pequeña amiga. Espero que le agraden.
-Eres un bastardo.
Me agrada que me conozcas tan bien.
Llegamos a tu residencia y te bajas del vehículo con cierta pesadez, pensando en cuál será la excusa para tu madre.
-Adiós, gracias por todo, fue maravilloso.
-Adiós, amor, no ha sido más que un detalle.
-Tanta modestia es casi graciosa.
-Cállate- digo entre risas.
Y así nos despedimos y al quedarme solo, por primera vez en varios días, me doy cuenta de lo cansado que estoy. Sigo mi camino hasta mi hogar. La vía está tranquila y llego rápidamente al camino montañoso que me lleva a mi montaña. Inesperadamente, el suelo está muy resbaloso y en un momento de distracción, mientras cambiaba una canción en el reproductor de música, pierdo el control del vehículo y empiezo a caer a lo largo de la montaña… la caída es lenta y larga y dentro de mi desesperación solo puedo preguntarme ¿si muero hoy, moriré feliz? No sé qué responder a ello.
Caigo…. Caigo…. Caigo…. Caigo….. caigo en mi cama, exaltado, sudado, con la respiración entrecortada y sin saber qué está pasando. Pronto caigo en cuenta de lo que ha sucedido: todo fue un largo, magnifico, inesperado y atípico sueño. Sí, un sueño, largo, lindo, feliz y excitante, pero SUEÑO al fin. Sin embargo, y por alguna extraña razón completamente ajena a mí, no estoy desilusionado, ni siquiera molesto. Estoy feliz, porque tengo algo que contar: El relato de una historia que aún no ha sucedido.

Fin.

L’Angelček

PD: De verdad tuve bloqueo mental y por eso tardé tanto en terminar mi pequeño relato.

lunes, 3 de agosto de 2009

Sábado

¡Estupendo! No fue un sueño. Al despertar sigo a tu lado, seguimos abrazados y tengo prisa porque despiertes y continuemos con esta aventura que inició hace unas horas.
Despiertas con una sonrisa inocente, de esas que solo salen cuando aún no se está consciente de lo que se hizo la noche anterior, o de lo que se hará en el día que apenas comienza.
-Buenos días.
-Buen día, amor.
-¿Qué hay para hoy?
-¡Venga! Se pierde mucho tiempo al preguntar, en marcha.
Al salir del hotel, el cielo está nublado y la neblina llega al piso. De nuestras bocas sale con cada exhalación una bocanada de humo blanco, casi como el humo de un cigarrillo. Hace mucho frío.
Enciendo un cigarrillo y, como era de esperarse, me regañas diciéndome que eso me dará cáncer, me dañará el corazón, los pulmones, las arterias, y hasta el útero que no tengo.
-Hoy nada nos hace daño amor, ni a ti ni a mí. Hoy somos inmunes.
-De todas formas, odio que fumes
-¡Calma!- digo entre risas mientras lanzo una espesa bocanada de humo.
-¿Adónde vamos?
-Es una sorpresa, lo he dicho ya.
-¡Joder! Eres imposible.
-Lo sé, cariño. Lo sé.
-Debo admitir que te ves sexy cuando fumas.
-Eso también lo sé- digo inflando el pecho.
-Eres un cretino.
-Igual me quieres, ¿no?
-Más que al sexo- dices y me das un fuerte beso en la boca.
-Yo te amo- te sonrojas.
Hemos ya caminado por aproximadamente una hora y el día empieza a levantarse, parece tan perezoso como nosotros. Ya se ve el cielo brillante y a nuestro lado empiezan a aparecer pequeñas casas altas y coloridas Veamos qué tan atento puedes llegar a ser…
-¡Esto ya no es München! O sea, es diferente.
-A ti sí que no se te escapa nada- digo entre risas.
-Y entonces, ¿dónde estamos?
-Pues, acabamos de hacer nuestra entrada triunfal en una de mis ciudades favoritas, de las no muchas que conozco: ¡Ámsterdam!
-¡Ay, madre del amor hermoso!
La ciudad es verdaderamente hermosa, llena de pequeñas calles de piedra, con miles de pequeñas, altas y coloridas casas a cada lado del camino; atravesada por los famosos canales, donde los turistas dan paseos en pequeñas embarcaciones.
Caminamos durante varias horas, conociendo y visitando los lugares más importantes: La casa de Anne Frank, el Rijksmuseum, Van Gogh Museum, El Dam, algunos Coffe shops, el Concert Gebouw, El museo de cera... lugares varios a los que es necesario echarles aunque sea una ojeada.
Aproximadamente al mediodía, nos sentamos en esa especie de jardín que está en frente al Rijksmuseum a comer cualquier cosa.
-No sé cómo lo haces, pero esto es sorprendente.
-Digamos que yo soy algo así como una caja de Pandora, ni yo mismo sé cuál será mi próxima gran idea.
De repente oigo ese sonido que, generalmente, me molesta y hoy obviamente me molesta aún más: el repique de tu celular. Tienes una llamada entrante.
-¡Suelta ese aparato!
-No puedo, debo contestar. ¡Es mi madre!
-Si te vas a meter en un problema, ¡pues que sea en uno grande!- al decir esto salto encima de ti y forcejeo un poco para quitarte el celular, tus muñecas ceden, ahora lo tengo yo y salgo corriendo para que no me atrapes. Ahora tú me persigues y la gente se nos queda viendo. Yo me rio de una manera un poco histérica, esto de la adrenalina no me hace bien. Finalmente, llego a una linda fuente y lanzo tu teléfono al fondo de la misma. Tu cara es un poema. Para que no te molestes, tanto, lanzo el mío también.
-Te dije que hoy eres solo para mí. Luego hablas con tu madre y le inventas cualquier excusa.
No te queda más que sonreír. Luego del percance de los teléfonos móviles, seguimos caminando y conociendo, sonriendo como si nada hubiera pasado, y es que de verdad ni siquiera le diste mucha importancia. Sí, yo se que fue un ataque de impulsividad, también sé que debo controlar mi impulsividad; sin embargo, es la impulsividad la que me lleva a hacer este tipo de locuras que he hecho este fin de semana y me molestaría muchísimo que alguien, cualquiera, osara interrumpir nuestro fin de semana perfecto. Así que, adiós teléfonos.
Creo que es primera vez que me ves tan callado y es que no quiero que mi estrepitosa voz interrumpa el sonido que nos regala este lugar hoy. Quiero que el ruido de los carros, las campanillas de las bicicletas, las voces entrecortadas y hasta el goteo de la lluvia que empieza a caer, se quede hoy en tu memoria y para siempre. Ya sea que estemos juntos hasta el fin de nuestros días, o que terminemos después de pocas semanas, quiero que recuerdes este día como aquel en el que fui solo tuyo y tú solo mío; el día en que dejé todo de lado y me dediqué a ti solamente; el día en el que me encargué de hacerte feliz y fui feliz yo mismo al ver que lo logré. Quiero que recuerdes no solo los sonidos, sino también las imágenes, las caras de los transeúntes, los colores de las calles y las casas. Colores, colores, muchos colores, que se aprecian bajo una nueva perspectiva debido a las sustancias que en este país son legales.
Observamos cómo pasa el tiempo muy lentamente y las imágenes toman un concepto completamente nuevo. Todo es más intenso y más brillante. Los colores tienen hoy otro tono más brillante y la vida parece ralentizada. Nos sentamos en un banco, muy juntos, con la vista perdida en el horizonte holandés, viendo como el tiempo pasa suavemente ante nuestros ojos, o aunque sea eso creemos en estos momentos…
Una vez en pleno uso de nuestras facultades mentales, es hora de partir a nuestro próximo destino
-¿Adónde vamos ahora?
-Calla y espera. Pensaba que el impaciente era yo.
-También puedo serlo.
-Mal por ti- rio y tú pones cara de pocos amigos.
Nos digirimos a la “Centraal Station”, en el centro de Ámsterdam, donde tomaremos un tren con vía a la ciudad del amor, pero tú aún no lo sabes.
De muchas ciudades en el mundo esta es, quizá, la más célebre, la más nombrada. Creo que justo por eso evité un poco venir hasta acá, aunque al final cedí. Es la primera vez que ambos venimos a este lugar, y al ver a lo lejos la Tour Eiffel, me digo a mí mismo que aquel sabio amigo tenía toda la razón: “Paris sera toujours Paris”.
-Bienvenue, mon amour.
-¡Mierda!
-Al parecer dejaste el vocabulario en Caracas- te reprocho, pero me quedo callado a tu lado mientras veo como tus ojos quieren escapar de sus respectivas órbitas una vez más.
París a las tres de la tarde es hermosa, como debe serlo a las cinco, a las siete y a medinoche.
Caminamos recorriendo vagamente Les Champs Elysées y la Tour Eiffel y L’Arc du Triomphe y muchos otros lugares que son famosos, pero no me importa la historia ni los museos, me conformo con contemplar tu rostro durante todo nuestro recorrido.
Luego de un largo paseo por la ciudad nos sentamos en una plaza cualquiera a tomar una bebida cualquiera, mientras te confieso que me gusta golpearte y así tener una excusa para hacerte cariño luego en donde te golpeé; te confieso que me gusta que te molestes conmigo y así tener una excusa para ser dulce contigo y pedir disculpas; te confieso que me gusta cuando estoy contigo, porque puedo sentirte, pero que me gusta también cuando estamos lejos, porque así puedo extrañarte; te confieso que me gusta cuando hablas y cuando callas; te confieso, además, que me gusta cuando sudas, porque amo el salobre sabor de tu cuerpo; te comento que me gusta cuando tienes frío, porque así tengo una razón para abrazarte; sin embargo, me gusta cuando tienes calor, porque así tengo una mejor razón para desnudarte. Te cuento también que me gusta tu sonrisa y el tono de tu voz; el olor de tus cabellos y el sabor de tu espalda. Te explico que me gustas tú y me gusto a mí mismo cuando estoy contigo, porque calmo un poco mi ansiedad y soy capaz de disfrutar el silencio más prolongado y a la vez puedo armar el escándalo más estrepitoso, simplemente porque contigo me armo de paciencia y la pena es algo que me abandona desde el mero momento en el que te veo. Contigo puedo disfrutar del sol y de la lluvia, del cielo y del infierno, todo al mismo tiempo y en el mismo lugar.
-Son solo algunas cosas que quería que supieras- mis mejillas se vuelven rojas y es que no es fácil para mí decir tanto.
Silencio sepulcral, peor lo disfruto mientras contemplo el acuoso brillo de tus ojos bajo el pálido sol de octubre.
Subimos a lo alto de la Tour Eiffel y vemos París a nuestros pies, con sus estrechas callejuelas y el Sena en esplendor.
-Me gustaría regalarte el mundo- me dices
-¿Para qué quiero el mundo, si con que me permitas habitar en tu mundo soy feliz?
-Eres lo máximo.
-No, ¡qué va! Tú lo eres, al menos para mí.
Mientras culmina la tarde y los rayos del sol agonizante nos iluminan la cara te comento que esta noche hemos sido invitados al teatro y luego a un baile de sociedad, que como idealistas que somos decidimos que será en honor a nuestra visita a la ciudad. Te comento también que ya tengo listos nuestros atuendos y que no debes preocuparte al respecto.
Una vez en nuestra habitación de hotel tomamos juntos una larga ducha y nos ponemos nuestros elegantes atavíos, listos para deslumbrar a la gente. ¡Par de guapetones!
-Taxi!
-Bonsoir, messieurs. Où allez vous?
-Au théâtre, s’il vous plaît.
-D’accord.
En el teatro vemos una obra cualquiera, bastante entretenida, pero no lo suficiente para captar mi atención, estoy demasiado ensimismado viendo tu expresión conforme se desarrolla la obra. Es divertido ver cómo cambia tu expresión según se mueven los artistas y cambian las luces en el escenario, estoy divirtiéndome mucho. Al cabo de un par de horas la obra finaliza y es momento de dirigirnos al previamente nombrado baile. El salón donde se llevará a cabo queda a pocas cuadras del teatro y llegamos rápidamente. Al llegar nos presentan a varias personas y nosotros saludamos de manera cortés y con sonrisas un poco fingidas, ¡la diplomacia nunca está de más! Un mesonero nos ofrece champagne y ambos tomamos una copa y brindamos, por nosotros, naturalmente. Algunas parejas bailan ya en el gran salón y yo he tomado aproximadamente diez copas de champagne, o como me gusta llamar a las bebidas alcohólicas “deshinibidores”. Es hora de bailar. Tomo tu mano y te llevo hasta el centro del gran salón, una vez ahí pones tu mano en mi hombro y yo la mía en tu cintura. ¡Y un, dos, tres, cuatro! Siento algo de calor, ha de ser la champagne, además la música parece ir cada vez más rápido y por consiguiente yo voy dando vueltas más y más rápido… y más rápido… y más rápido… y aún más rápido… y ¡al suelo! Pierdo el equilibrio y caemos los dos de manera estrepitosa. Si seguimos con este ritmo de vida te llevaré en ambulancia a tu casa el domingo. Yo no puedo aguantarlo y suelto una bullosa carajada, haciendo que todos los estirados franceses volteen a vernos en manera de reproche. Nos quedamos un segundo tirados en el suelo, como esperando poder organizar bien nuestras ideas. De pronto llega un señor y nos pide que, por favor, abandonemos el recinto, que no somos ya bienvenidos después de semejante espectáculo. Pues me levanto de golpe y me retiro con la cabeza bien en alto y contigo siguiéndome “¿Qué se habrán creído estos franceses?”
-Lo siento- te digo al salir un poco apenado – Siempre te hago pasar estos bochornos por mi estrepitosa forma de ser.
-No te preocupes, amor. Sé que no te gustan este tipo de cosas con tanta elegancia. Además, mira lo que logré obtener- dices mientras sacas de tu chaqueta una botella de champagne.
-¡Este tipo de cosas de me hacen quererte aún más!- digo sonriendo de oreja a oreja.
-Caminemos, la noche es joven.
Y así empezamos a caminar por las calles de París, mareados y cantando pedazos incongruentes de canciones que conocemos a medias.
“¡Paris la nuit…!”
Dando tumbos a través del largo camino y mojados hasta los tuétanos, debido a la inclemente lluvia nocturna, llegamos al hotel, por demás ebrios. La chica del lobby nos ve y no puede evitar sonreírnos mientras le pedimos nuestra llave, al parecer somos una vez más un par de extranjeros excéntricos con problemas de bebida, eso me encanta. La habitación nos llama desesperada, pero las ganas son demasiadas y no aguantamos a llegar a ella. Al momento de que se abrieran las puertas del ascensor ya estábamos los dos semi desnudos sumidos en un profundo beso. No hace falta describir lo que pasó en la habitación, bastaría con resumir que no hubo lugar en ella que no fuera testigo de nuestra pasión, ni siquiera el balcón…
Esta vez eres tú quien se sumerge en un profundo sueño acostado en mi pecho.
-Buenas noches, terrícola- te digo y tú respondes algo entre susurros que supongo es un “Buenas noches”- Hasta mañana, domingo.
L’Angelček

viernes, 17 de julio de 2009

Viernes

Te busco en tu casa, muy temprano en la mañana. Es un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera. Estamos en Caracas, Venezuela. Subes al automóvil y me saludas con un beso en la boca, como es nuestra costumbre.
-¿Adónde vamos?- Preguntas
-Poco importa, de verdad. Sin embargo, ¿trajiste tu pasaporte?- pregunto.
-Sí, como me lo pediste.
-Perfecto, entonces solo debes confiar en mí.
-De acuerdo…
Los primeros rayos de sol despuntan ya en el horizonte, iluminando el húmedo camino. Tú caes en un profundo sueño, lo cual es una ventaja para mí. El viaje es largo, pero no me aburro: Nightwish nunca me deja solo en la vía. Voy tarareando canciones mientras el camino se queda atrás a una velocidad vertiginosa. Pasan algunas horas, sigues durmiendo. “No hay nada más tierno que un ser humano dormido” me digo a mí mismo mientras detallo tu tierna expresión.
Hemos llegado a nuestro destino, mejor dicho: a la primera parada de nuestro destino. Intento despertarte delicadamente. Abres un ojo, luego otro y yo, yo espero con ansiedad tu reacción.
-¡Pero qué carajos!
Justo como lo esperaba. Ya no estamos en Caracas, ni siquiera en Venezuela. Son las 10 de la mañana, de un viernes cualquiera, en un octubre cualquiera, pero no en una ciudad cualquiera; no, no: estamos en la pintoresca y antigua Firenze, en la Región Toscana de Italia. Dejo el auto en un lugar cualquiera, mientras saco de mi bolso un abrigo para ti, porque el clima tropical-pegostoso caraqueño lo hemos dejado atrás. Tus ojos parecen decididos a escapar de sus orbitas.
-Cierra la boca, amor, o harás un charco de saliva a tus pies- digo riendo-Ven, vamos.
-Pero… este, ¿cómo demonios…? No entiendo nada…
-No quiero que entiendas, solo que disfrutes.
Comenzamos a caminar, agarrados de manos. Algunos nos miran y a nosotros nada nos importa, todos están ahí demás, como ese florero en casa, cuya única función es llenar un espacio vacío, mas no es algo relevante. Hoy nadie es relevante, hoy mi mundo eres tú y el tuyo soy yo.
La ciudad es hermosa, como te había prometido. Las calles son de piedra, los edificios son coloridos y antiguos, hay estatuas y fuentes por doquier y el arte se respira en el aire. Es una ciudad de artistas y eso te hace feliz; yo mismo soy feliz por ser quien causa esa sonrisa en tu rostro. Mientras caminamos te cuento que ese de allá es Macchiavelli, el de más allá es Da Vinci y aquel al fondo es Dante. Esto es Ponte Vecchio y aquí estamos en Piazza della Signoria. No podría faltar, claro está, la Galeria Ufizzi y la vista al Arno. Mucho que ver y poco tiempo. Vamos, como siempre, en una carrera y es que bien dicen que el tiempo vuela cuando se está en buena compañía. Caprichoso tiempo.
Es hora de comer, nos detenemos en un bar muy pintoresco con vista al Ponte Vecchio, que divide el Arno, y desayunamos una comida cualquiera. No hay palabras durante la comida, solo una sonrisa intensa y sincera que nos hace entendernos el uno al otro y saber que todo está bien. Luego de comer y quedarnos un rato abrazados en una plaza, es hora de partir y dejar Italia, que es hermosa, pero el tiempo apremia y esto apenas comienza.
Tú eres amante del arte, a mí también me gusta, pero sabes que soy un poco más camionero. Así que nuestro próximo destino es München, Alemania. Porque se acerca mi cumpleaños y siempre he deseado pasarlo en el Oktoberfest, rodeado de bávaros y litros y litros de cerveza. Sí, soy un camionero. Una linda ciudad, con una rica historia. Hoy todo es un alboroto y aunque sabemos que se debe al anteriormente mencionado festival, nos gusta jugar a creer que el alboroto es por nuestra llegada a la ciudad. Entramos en la primera carpa que encontramos, y tu cara de miedo me parte de risa.
-Relájate y disfruta…
-Intentaré…
La carpa está llena de gente que grita y ríe, que comenta sobre el futbol o cualquier otra nimiedad: los enfermos de sida, la gripe porcina, los africanos y la deuda externa. Hoy para nosotros no existen esos problemas, son abstracciones de una realidad triste que no nos acompaña.
Una cerveza, dos cervezas, tres cervezas, cuatro cervezas y qué sé yo cuantas más. Ahora no nos miramos y sonreímos como en el desayuno, ahora nos miramos y morimos de risa. Tenemos las mejillas rojas y nuestras lenguas se volvieron un desastre hace ya horas. No podemos decir ni la palabra más simple, y es que la cerveza nos pegó. Bailamos en la mesa, nos reímos con desconocidos, y ellos con y de nosotros. No los culpo. Somos la atracción principal de la noche: dos extranjeros ebrios que no les importa confesarle su amor al mundo.
Es hora de partir, ya no puedo recordar ni cuantas cervezas tomamos y tu estado es casi tan deplorable como el mío. Caminar no se nos hace fácil: tú me agarras intentando que yo no caiga y yo te agarro intentando que no te caigas conmigo. Pero al carajo todo, como dije previamente: hoy el mundo es nuestro y si me quiero caer, ¡pues me caigo! Dicho y hecho, aterrizamos en el frío suelo, muertos de risa y nos fundimos en un beso apasionado, cálido, perfecto; que dura poco, pues de repente llegan dos policías, una mujer y un hombre y nos gritan:
-Hey, besoffen halten Sie!
-Excusez nous, messieurs. On ne parle pas allemande- Respondo yo con sonrisa idiota y con los ojos llorosos.
-Und wir sprechen französisch- responde la policía.
-Merda, ¿español, italiano?
-Auch nicht.
-But we do speak English, sir. - Respondes tú, recordandome que yo tambien hablo ingles.
-Great! We would really appreciate if you stand up and get the hell out of here. This is not a place to make out.
-We’re sorry. We’re leaving right now… Really we’re sorry.
-It’s ok though. Go now.
Y así nos fuimos tropezando con todo lo que se nos atravesaba en el camino, mientras los policías nos veían y susurraban, entre risas y reproches:
-Par de idiotas extranjeros borrachos.
-Quien sabe, Hans- replica la mujer- quizás es una gran historia de amor.
“Quizás es una gran historia de amor” La verdad es que ¿Quién sabe?...

La habitación de la posada en la que nos quedamos es pequeña y sencilla. Con dos camas individuales, ¡como si de verdad pensáramos en pasar la noche separados!
Te veo con deseo y recibo respuesta positiva de tu parte. Ya no hay tabúes, te deseo sin pudor alguno y tú me deseas a mí. Nos atacamos como dos bestias que pelean por una presa: violentamente. No hay diversión sin un poco de dolor, es por eso que esta noche dejamos la delicadeza a un lado y solo nos dejamos llevar por la pasión asesina que nos embarga y nos hace imposible estar separado el uno del otro. Hacer el amor de manera salvaje siempre me ha parecido la mejor manera de terminar un día ajetreado, al parecer estás de acuerdo conmigo, pues te dejas llevar al ritmo de mi demencia. Luego de aproximadamente una hora, todo termina y me sumo en un profundo sueño, apoyado contra tu pecho, deseando que todo esto sea de verdad y no solo el mejor sueño de toda mi vida.
Hasta mañana, sábado.

Continuará.



L'Angelček

domingo, 5 de julio de 2009

Pensamientos en clases de Artes Gráficas (Fin de la trilogía)


¡Qué me siento como Tolkien escribiendo esto! Hasta me da algo de melancolía, ¡no lo puedo soporta!
Esto viene una vez más inspirado por la cantidad de basura mental que se me ocurre a cada rato y que me llevó a escribir “Pensamientos en clases de Artes Gráficas” y “Pensamientos en clases de Artes Gráficas 2.0”. Esta vez, sin embargo, no lo escribo durante la clase en sí; o sea, esta vez no me perderé la explicación de ningún comando o tecla mientras trabajamos en PAGEMAKER y no maldeciré mi ADOS (Attention Deficit…Oh Shiny!) al momento de poner en práctica todo lo que debería haber aprendido en clases, pero que no lo hice por estar escribiendo en esta vaina. Entonces, aquí vamos:

1. No entiendo como pasé de odiar esta materia con todo mi hígado, a tenerla como una de mis materias favoritas. No porque me interese la materia, más bien porque la profe hacía de lo insoportable algo entretenido.
2. Lo más divertido de este semestre fue, sin duda alguna, el road trip a Valencia, donde vimos como coño trabajan las maquinitas esas que evolucionaron de la imprenta de Guttemberg.
3. Yo pensaba que PAGEMAKER era odiable, pero qué va, el InDesign es demasiado profundo para mí. Prefiero el PAGEMAKER for dummys.
4. Sin ánimos de alardear: nuestra exposición de la imprenta fue la mejor. Las otras eran monótonas y solo hablaban de rotativas. La nuestra, en cambio, tenía a dos idiotas volando por los cielos.
5. Soy jodidamente irresponsable y estoy, como siempre, haciendo todo a última hora: revista y parciales. FUCK.
6. Con esta revista, la profesora pensará que soy un maníaco sexual…. Mejor dicho, lo sabrá.
7. Me mortifica que Negrín piense que soy un stalker por conseguir fotos de ella para mi revista.
8. Viendo los trabajos de los otros grupos, decidí que sus profesores fueron una verdadera mierda y la nuestra fue cool. Pronto le serruchará el puesto a Elisa Martínez y pasará ella a dormir en una cámara hiperbárica.
9. Todos los que vean mi revista sabrán que soy un egocentrista de mierda, ¡GENIAL!
10. Espero, por amor a Tarja, no ver más nunca una materia así. Yo quiero es escribir, no diagramar revistas. Lo único que me gustó de hacerla revista fue redactar los textos.
11. Lo más importante: fue asquerosamente DECEPCIONANTE saber que el botoncito verde que hay en el laboratorio no lanza gas lacrimógeno o llama a la CIA/FBI/CICPC una vez es apretado. ¡Me engañaron!
Y ahora, viendo hacia el horizonte y con un dejo de melancolía, L’Angelček pone punto final a esta historia que comenzó un frío día de marzo a la 1:00pm, mietras lo azotaba un inclimente dolor de cabeza, producto de haber estado tomando la noche anterior. Hoy el dolor de cabeza se lo inflige su propia revista.

Au revoir, terrícolas.
L’Angelček
PD: Creo que sí paso casi liso a tercer semestre. Maldita Estadística.

martes, 30 de junio de 2009

Reflexiones sobre el sexo

El sexo es algo que vemos hasta en la sopa, más que todo por eso de que el sexo vende y puedes ver insinuaciones sexuales hasta en comerciales de cereales; por tanto, opino que hay un mal uso del término, opino que se ha confundido su significado. Diez reflexiones sobre el sexo:

1. El sexo es para disfrutarlo, basta de complejos.
2. El sexo no tiene número “Entren que caben cien”.
3. El sexo no es amor: el sexo es sexo y el amor es otra cosa.
4. Se pueden dar demostraciones afectuosas a través del sexo, eso sí.
5. El sexo con amor es excelente, y sin él también.
6. La monotonía es tan mala como la falta de sexo; es decir, la monotonía es la primera enemiga del sexo y por lo tanto hay que combatirla.
7. El sexo oral, como la masturbación, no es ni ninguna aberración. Es como el habla: la puesta en práctica de la lengua.
8. La protección es parte fundamental en el disfrute posterior del sexo.
9. El sexo es, en cierto modo, una manifestación de nuestro YO interno que no siempre dejamos ver, ese YO que no todos conocen y que solo sale a flote bajo algunas circunstancias.
10. Lo más importante: SEXO no es la respuesta, SEXO es la pregunta y SÍ es la respuesta.

Au revoir, terrícolas.
L’Angelček



PD: Haced el amor y no la guerra.

jueves, 11 de junio de 2009

Se potesse fermare il tempo, in quale momento lo farebbe?

“¿Si pudiera parar el tiempo, en cual momento de su vida lo haría?”

Esta entrada viene inspirada por una pregunta de una prueba de italiano que presenté hoy. La pregunta es justamente el título del post y la traducción se encuentra entre comillas.
La respuesta a esta pregunta es bastante difícil, principalmente porque no es que haya vivido mucho tiempo, o sea tengo solo diecinueve años; también porque no creo que detuviera el tiempo, aun si pudiese.

Siento que si detuviera el tiempo dejaría de vivir muchos momentos bonitos, dejaría de conocer muchas personas interesantes; dejaría de descubrir la respuesta a muchas interrogantes, que hoy en día están en mi cabeza armando un torbellino. Perdería la emoción de tratar de mejorar en algún modo. Dejaría perder miles de enseñanzas.
Obviamente he vivido muchas cosas que me gustaría revivir, he estado con gente que me gustaría volver a ver; por ejemplo mi madre y mi mejor amigo, Carlucho. Pero, su recuerdo vivirá siempre latente en mi corazón. Por tanto no siento necesario detener el tiempo.

También extraño muchas otras cosas, como mi infancia, cuando no sabía lo que era el stress, la gente maldita, mi vida libre de vicios, mi vida libre de relaciones infructuosas… También están los errores cometidos, pero de todos ellos aprendí algo, aunque no siempre pongo todo eso en práctica.

Entonces, no. No detendría ningún momento de mi vida, aun si pudiese.

Quiero vivir cada minuto, aunque el presente no exista y sea solo una abstracción.

"No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió."
— Gabriel García Márquez


Au revoir, terrícolas. No detengan el tiempo, aprovechenlo.

L’Angelcek.

domingo, 7 de junio de 2009

Un lindo domingo.....

“El domingo es el día de la semana entre el sábado y el lunes*. Es el séptimo día de la semana oficial en los países de tradición hispana o el primer día de la semana litúrgica en la tradición cristiana, y también lo es en otras tradiciones culturales. El domingo es considerado un día feriado o festivo en la mayoría de los países del mundo y es parte del fin de semana. Solamente países influenciados por la cultura islámica o judía tienen el viernes o el sábado como el día feriado semanal.
El calendario gregoriano se repite cada 400 años, y ningún siglo comienza en domingo. El año nuevo judío jamás cae en día domingo. Cualquier mes que comience en domingo tendrá un viernes 13.”
Tomado de: Santa Wikipedia, patrona del conocimiento enciclopédico y mayor enemiga de Lulú Giménez.

Entiendo que Dios quiso hacer del domingo un día de descanso. Bah, eso ni siquiera lo hizo Dios, fue otra de las cosas truculentas del vaticano o qué sé yo. El punto es que yo ODIO/DETESTO/ABORRESCO los domingos. Son el peor día de la semana.
¿Por qué los detesto? Muy fácil:

1. Nadie hace nada los domingos porque si es triste estar en casa un domingo, generalmente es más triste salir un domingo. Esto se debe a la gran cantidad de familias felices que salen los domingos a pasear y TODO está lleno.
2. Los domingos no pasan nada bueno en la TV (Como si yo viera TV).
3. Los domingos egOmanía no actualiza nada y no tengo cosas divertidas para leer.
4. Los domingos el hijo de puta del kiosco cierra temprano y no me da chance de comprar dulce para matar la ansiedad.
5. Los domingos como PEOR que de costumbre porque nadie hace nada en mi casa.
6. Los domingos Factbook no te manda notificaciones buenas. (Quizás porque paso desde que despierto hasta que me duermo en la compu)
7. Los domingos no me dan ganas ni de fumar, pero igual fumo.
8. Si un domingo se te ocurre invitar a alguien a salir probablemente este alguien tiene algún tipo de almuerzo familiar y te deja solo en tu triste soledad.
9. De todas maneras, los domingos da fastidio salir. (¿Quién me entiende?)
10. Odio los domingos porque me gusta estar en la universidad golpeando a Jatnna, fastidiando a Jatnna, manoseando a Jatnna, comiendo moco con Jatnna, haciendo planes de conquistar el mundo con Jatnna, obstinando a Jatnna, creando Jatnna-chistes con Marco y Gabriela; y los domingos NO VOY A LA UNIVERSIDAD. FUCK.
11. Es que ni siquiera voy ya a casa de Zio Franco o Zio Vicente con mi mamá. Eso hasta era divertido, un domingo.

¿Por qué soy tan gallo?


Recordatorio para el siguiente domingo: Debo tomar desde las 7:00pm de la noche del sábado hasta las 7:00am de la mañana del domingo y, además, tomar algunos somníferos para no despertarme hasta el lunes. FUCK.

Au revoir, terrícolas. Feliz domingo. (Sí, amo el sarcasmo)
L'Angelček



* DUHHHHHHHHH